Intento mostrarte lo que soy, las mentiras que me rondan, las verdades que me asustan.
Sé que las veces que te miré a los ojos lloré por dentro, suspiré y humecte mis labios; pero al parecer las veces que me miraste solo mirabas mi boca y escuchabas angustia, mientras respirabas sequedad.
Odio respirar, extenso me despierto cuando imagino que no voy a volver a verte, tan largo como el dolor en los años, en los días, en los ojos que miran mi reflejo; en las personas que no sonríen al verme, pues no soy mas que un vagabundo que da asco a la piedad.
Creo ver fantasmas en las lágrimas al despertar, creo que la vitamina de tu recuerdo está opacada por el nublado del cielo y lo sollozado del pavimento. Creo, totalmente incierta es mi existencia desde hace años.
Echarle la culpa a mis padres, a mis madres o al capitalismo, echarle la culpa a la sociedad y a los que me ayudan a seguir vivo eso es cobardía, eso es lo que me asusta todas las mañanas.
Alcohol, que linda palabra para dar nombre a la no vida, a la vida de los que escapamos día a día de una absurda no voluntad. Voluntad de no desaparecer, de seguir perjudicando no solo al entorno, la vista, sus psiquis, sus insistentes voluntades y matar de a una sus extravagancias.
Me odio, no me preguntes que me pasa, solo se que te doy lástima. El mayor miedo de un pseudo hombre.
Alex Casas.
miércoles, 9 de diciembre de 2009
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